La gota que rompió el vaso: lo telúrico en la política nacional (by @TheLonelyWlker)

La situación política en el Ecuador durante los últimos casi tres meses ha sido de una naturaleza realmente telúrica, pero aquí vale la pena intentar entender que lo que hoy presenciamos no es para nada una casualidad, sino más bien la causalidad de una serie de eventos que hacían presagiar que todo esto se veía venir.

Lamentablemente, la enfermedad de la que muchos sufren, esa eterna mitomanía que hace que las personas y los pueblos siempre anden buscando alguien en quien creer y a quien seguir, es lo que no permite que podamos ver la realidad objetivamente. Hay mucha gente de izquierda que nunca estudió o ya olvidó las herramientas que nos heredó Marx, para analizar la historia. Todo el movimiento histórico no es más que una relación dialéctica entre opuestos, y en esta dinámica se van dando los saltos cualitativos y cuantitativos que hacen que la sociedad evolucione.

Pero para que esto suceda es necesario el conflicto, en el periodo de lo que yo llamo la “Década Empatada” este conflicto era hacia afuera de la gelatinosa estructura política que creyó ser la base de la Revolución Ciudadana, ciegos y miopes no quisieron ver que tan solo había un Atlas que sostenía todo el proceso sobre sus espaldas, él mismo no supo ver que su fortaleza era su debilidad. Hoy en día, sin el agente de equilibrio estos conflictos han girado y se dan hacia adentro de aquella masa amorfa que se hace llamar el movimiento de la revolución.

Desde el 2014, cuando se comenzó a observar las fisuras a nivel local de la Revolución Ciudadana, se pudo evidenciar que este Atlas no endosaba votos hacia sus cuadros locales, y de aquí surge la pregunta ¿quiénes son los cuadros de la Revolución Ciudadana? Definitivamente, no lo son quienes en realidad representan la realidad de las bases, ni de sus comunidades, parroquias, cantones y provincias, los que se convirtieron en cuadros, solo fueron aquellos quienes fueron pontificados por esta figura mitológica.

Desde las elecciones seccionales del 2014 hasta el 24 de mayo del 2017, este proceso ha venido avanzando como un vaso fracturado y lleno al tope, que solo necesitaba de una gota de agua para romperse y derramarse. Las elecciones del 2 abril del 2017, que si bien fueron una victoria más de la Revolución Ciudadana, demostraron que no hubo la contundencia de las elecciones del 2013, y eso nos tiene que llamar a la reflexión, pero esta ceguera mitomaníaca, nos sigue llevando a creer que fue una victoria aplastante, esto nos reduce el ángulo de análisis.

Al que hoy llaman traidor y Judas, lo único que ha hecho es evidenciar de forma cruda todas estas contradicciones, simplemente fue la gota que quebró y derramó el vaso de agua, fue el agente de agudización de conflictos. Lo que el mito eclipsaba, el hombre en silla de ruedas develaba, y como hemos evidenciado se han desatado una serie de ondas telúricas que tienen al Instrumento Político al borde del precipicio.

Sin embargo, a pesar de que de una forma u otra se sigue profundizando en ciertos avances sociales de la Revolución Ciudadana, este cambio de mando no es del todo lo que esperábamos, al tratar de bajar las tensiones de una sociedad polarizada se dieron pasos garrafalmente erróneos. Se entregó la Empresa Eléctrica a la personificación de la corrupción (ventajosamente este error ya se corrigió); se entregó el Ministerio del Trabajo a un hombre con conflictos de intereses y vendido a la patronal; se entregó el Ministerio de Inclusión de Económica y Social a un individuo que sacó una votación marginal en febrero del 2017; se está pretendiendo entregar la plataforma de Dinero Electrónico a los usureros de cuello blanco de la banca privada. Jamás estaremos de acuerdo con estos movimientos que más bien parecen desesperados.

Sin embargo, aquí es necesario resaltar que este escenario dantesco de la política nacional donde cada vez van cayendo más y más cabezas que fueron defendidas irrestrictamente por aquel ser mitológico, quien convencido que estaba llevando a cabo una suerte de misión mesiánica, no solo los defendió sino que también los elevó a las alturas olímpicas. Y aún ahora desde la distancia y de manera virtual sigue defendiendo a sus leales Hermes.

En una afamada serie televisiva, alguien tuvo el decir que “el caos es una escalera,” frase adecuada en estos momentos (evidentemente haciendo a un lado el carácter oportunista de quien dijo esta frase). Pero debemos aprender de la Pacha Mama, que permite de cuando en cuando estos eventos telúricos con la finalidad de liberar la presión de sus placas tectónicas, y de esa manera buscar el equilibrio.

Esperemos que luego de que se rebele la verdadera verdad (énfasis añadido) y que caigan todos los que tienen que caer, entendamos que lo único absoluto es el proceso, todo lo demás (incluso quien lidera el proceso) es relativo. Esperemos que de esta manera y en forma alegórica, nuestro proceso sea igual a aquel árbol de mostaza que surge de la destrucción (la semilla para germinar debe ser destruida) de aquella pequeña semilla, y nosotros ínfimos soldados de la Revolución Ciudadana nos podamos cobijar bajo su sombra, mientras seguimos trabajando sin cansancio y hasta el final de nuestras vidas por esa tan anhelada Patria Socialista.

@TheLonelyWlker

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