Mis Historias del Norte 3: El Hermano Persa (by @TheLonelyWlker)

persiaUna vez superada esa experiencia bastante surrealista con aquellos extraños compatriotas, supe recibir la solidaridad del ángel de la guarda, más sin embargo para poder permanecer en aquel país del norte se requería mantenerme como estudiante, lo que requería una determinada suma de dinero cada semestre, la situación se tornaba algo desesperante, ya que en el horizonte no se vislumbraba ninguna luz de esperanza para obtener algún trabajo dentro de la condición migratoria.

En las diarias erranzas por los diferentes caminos del condado Seminole, divagando con mis siempre etéreos pensamientos, no tenía claro mi porvenir, en los siempre cómodos y fríos Lynx pasaba la mayor parte de mis horas. Hasta que un rayo de esperanza surgió a través de una hija de la patria de Bolívar.

Al estar perfeccionando mi práctica y uso de la lengua anglosajona y conversando con una de las pocas personas hispanas en las clases de inglés especializadas para las personas que tenemos otros idiomas de origen, confesé mi dilema a la compañera que dialogaba conmigo. De inmediato con esa sagacidad mental que nos caracteriza a los latinos, me dijo: “Ya está, tengo el problema resuelto.”

Así fue como, la caribeña dama me propuso trabajar con su novio en una carpintería que precisamente en esos días estaba instalando en la vetusta Sandford. Pero la propuesta traía un detalle que le daría un interesante giro a la propuesta de trabajo. Resulta ser que el hombre que se había ganado el corazón de mi estimada amiga, era un hombre de la lejana Persia.

Pues llegó el día aquel de la entrevista inicial, y mis volátiles pensamientos estaban bastante acelerados con todos aquellos prejuicios que uno tiene con culturas y etnias extrañas y lejanas, y peor con el antecedente previo con aquel hombrecillo que decía ser ecuatoriano y que fue mi jefe en mis días de lavaplatos.

Mohammed era un hombre afable con un tono de voz suave, no como me imaginaba a las personas de Medio Oriente, no tenía un acento muy marcado por lo que podía entender muy bien su inglés. Pues la plantee, muy sinceramente mi situación y mi completa ignorancia en cuanto a la carpintería y a la ebanistería. Y el persa, con mucha calma me indicó que no había ningún problema y que él me iba a enseñar todo lo que necesitaba saber sobre el mundo de la madera. Y además, me ofreció un pago supremamente superior a lo que me pagaba el duendecillo aquel que decía ser ecuatoriano.

Y de esta manera tan improbable, porque cuáles son las probabilidades de que un ecuatoriano en la mitad del Pantanal del Gran Jefe Osceola, se encuentre con un iraní y establezcan una relación laboral de esta naturaleza, y es aquí cuando uno se da cuenta que saliendo de las muy estrechas fronteras de la Patria, el mundo es de una gran inmensidad y que se permite una infinidad de posibilidades para la vida de un hombre errante, como lo era @TheLonelyWker en aquellos años.

Sin embargo, inicialmente mantenía esa cierta incertidumbre que lo desconocido produce, la cual al pasar los días fue disminuyendo, pero eso ya la conversaremos…

 

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