Mis Historias del Norte II: El Ángel de la Guarda (by @TheLonelyWlker)

Desde niños nos fueron criando con la idealización del Ángel del Guarda, Dulce Compañía, se nos decía que al momento de nuestra de concepción también el Supremo Creador nos asigna un ángel guardián para protegernos del mal y guiarnos por el camino de la vida. A mí en lo particular me gusta mucho creer y pensar de tengo un ente espiritual que me acompaña a todo momento. Es más estoy convencido que mi padre también camina a mi lado a todo momento.

Sin embargo, también existen ángeles guardianes de carne y hueso que los podemos ver y que podemos hablar con ellos. Esos ángeles tangibles actúan cuando emprendemos ciertas aventuras desconocidas, son quienes por haber avanzado antes por un camino nos pueden proteger y cuidar para que no cometamos los mismos errores que ellos cometieron y para que la jornada sea más llevable.

Durante mi estadía en aquel país del norte, hubo un ángel que no por primera vez cuido de mí y me guío, un ángel muy especial y constante en mi vida que de forma presente y tangible desde muy pequeño tomo mi mano para ayudarme a caminar, que muchas veces ayudó a mi madre en la difícil tarea de cuidar a un bebe.

A cada paso que di, mientras transcurría aquel dichoso “Sueño Americano”, siempre hubo una palabra de alerta frente a los probables peligros y dificultades que hubiera podido hallar en la ruta del norte. Desde el principio me acogió en su casa y además de todo su amor, puso a mi disposición todos los bienes materiales necesarios para la vida. Siempre con esa amplitud y generosidad que solo los ángeles pueden tener.

Recuerdo con nostalgia y añoranza aquellas tardes de domingo cuando después de Misa, pasábamos recorriendo el Centro Comercial, porque siempre hacía falta algo en la casa y nunca estaba demás una nueva prenda de vestir. Y ahí, también este ángel desbordaba en generosidad siempre preocupada si tenía todo o si me faltaba algo.

Revisando en retrospectivo mi experiencia en aquel país, estoy convencido de que yo solo no hubiera sido capaz de salir adelante, en una sociedad tan inhóspita para el migrante. Tampoco creo que hubiera podido lograr todo lo que logré haya, teniendo como oficio la ebanistería y estudiando. Solo la presencia constante de mi ángel hizo posible que yo hubiera podido caminar sin mayor tropiezo en aquellos 5 largos años lejos del hogar.

Mi querido ángel, espero poder abrazarte en Diciembre acá en la tierra natal que te espera con cariño para celebrarte como te lo mereces…

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