Los ecuatorianos estamos atrapados en la casa de los espejos

A los ecuatorianos nos gusta construirnos paredes llenas de espejos.

Rubén Darío Buitrón

¿Qué actitud adoptar ante el otro?

¿Cómo tratarlo?

¿Hay que intentar conocerlo?

¿Es ético buscar la manera de acercarnos y entenderlo?

Esas preguntas debieran asaltarnos con frecuencia. Acecharnos y obligarnos a salir de la casa de espejos donde estamos atrapados.

Atrapados en la casa de espejos donde hablamos para nosotros.

Donde no nos importa lo que piensen los otros.

Donde escribimos contra los otros.

Donde subestimamos a los otros.

Donde repudiamos la opinión de los otros.

Donde no escuchamos la voz de los otros.

Donde quisiéramos callar, para siempre, las ideas de los otros.

Atrapados en la casa de espejos que nos impide mirar, entender, admitir que por fuera de estos enormes espejos habita una sociedad vital y compleja que somos incapaces de percibirla, que no la escuchamos, que no la sentimos, que nos es imposible entender.

Atrapados en la casa de espejos donde no son posibles la deliberación ni…

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