MICRORRELATO I (by @TheLonelyWlker)

MI DIARIO PERIGRINAJE

trainCada mañana al despuntar el alba comienza mi diario peregrinaje que me lleva hacia la ciudad de las piñas. El trayecto empieza por la ciudad ferroviaria, donde Alfaro plasmó su más magnánima obra, la ruta sigue un camino culebrero mientras va bordeando la línea férrea hasta llegar a la tierra del Tigre del Bulu Bulu, donde Jacinto es el Patrono.

El bus en su constante recoger y dejar pasajeros avanza inexorable por la carretera hasta que el aroma de la caña de azúcar se vuelve penetrante y todos los sentidos se endulzan, al llegar al cruce en forma de T, hay que seguir hacia la derecha en medio de hectáreas y hectáreas de plantaciones de caña.

caña de azucar

La ruta motorizada se acaba al llegar al gran ingenio centenario, para de inmediato empezar el recorrido a pie, y el camino me lleva por la calle que lleva el nombre del tirano dictador que respaldado por el Concordato horrorizó a mediados del siglo XIX al Ecuador que se rebelaba contra la sumisión, y como siempre la guía constante en mi periplo es la línea del tren que cruza la urbe de punta a punta.

El invierno se niega a irse mientras que el verano se niega a llegar, entonces el trayecto es un constante serpenteo por donde voy saltando de charco en charco que abundan a lo largo de toda la avenida central.

La situación se vuelve tortuosa cuando las lluvias arrecian en la cordillera occidental y las aguas, inclementes y potentes, vienen bajando con toda su fuerza desencadenando toda la energía potencial acumulada en las alturas andinas, en alborotado avance vienen arrasando con todo aquello que van encontrando por su cauce.

El río resiste estoicamente, pero ya no puede resistir más y se desborda, las alcantarillas de aguas lluvias se rebosan transformando los charcos en verdaderas lagunas insalubres, en su implacable paso el agua va subiendo hasta alcanzar más allá de mis rodillas.

Las botas ya no son suficientes para proteger mis articulaciones y la humedad se va incrustando en la médula de los huesos, esta agua que es un caldo de cultivo para infinidad de microscópicos entes humedece la planta de los pies, el caminar se va convirtiendo en una crucifixión, pero sigo incólume venciendo la fuerza de la corriente.

Me voy adentrando paso a paso, el populoso mercado huyendo de la inundación se aposta a un costado de la línea férrea que se niega a sucumbir ante las aguas desbordadas, de esa manera pueden salvar sus productos y lograr realizar la venta de la mañana para poderse ganar el pan de cada día.

Finalmente, luego de caminar en medio de las aguas logro llegar a mi destino final. Sin embargo, la entrada también está anegada y tengo que realizar un último esfuerzo para alcanzar la puerta del edificio, y avanzando muy lentamente para no tropezar alcanzo el bordillo y puedo subir los escalones que me llevarán a la oficina donde mi día deberá transcurrir en medio de las vicisitudes de mi diario trajinar.

@TheLonelyWlker

 

 

 

 

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