“¡No dejen de soñar!” (por P. Luis Ricchiardi, sdb)

Una ayuda para discernir cristianamente frente a las próximas elecciones

evangelio_110Nos acercamos a las elecciones del nuevo Presidente de nuestro Ecuador y de quienes, en la Asamblea, tendrán que apoyar y/o cuestionar las opciones propuestas para el camino hacia el sumak kawsay (buen vivir) de todos/as quienes formamos el Ecuador.

Gente nueva y politiqueros de siempre nos hacen sus propuestas, buscando nuestro voto.

Papa Francisco, en el jubileo de las personas marginadas, les decía: ¡No dejen de soñar! Sueñen que el mundo se puede cambiar, y esa es una siembra que nace del corazón de ustedes. Enséñennos con sus sueños a soñar desde el Evangelio, donde están ustedes, desde el corazón del Evangelio: ¡la pobreza está en el corazón del Evangelio! Solo aquel que siente que le falta algo mira arriba y sueña, el que tiene todo no puede soñar.

Soñar en cristiano, en estos momentos, implica por lo menos dos reflexiones de fondo:

  1. Estar convencidos de que nuestro país, a pesar de los muchos logros alcanzados en esto últimos años a distintos niveles, es un país donde todavía la desigualdad no ha cambiado y donde sigue habiendo ricos más ricos a costa de pobres más pobres. ¡Son urgentes cambios… de fondo!
  2. Los sueños verdaderos no pueden ser los de las personas acomodadas, que defienden sus privilegios, sino los de los pobres, de los marginados y excluidos. Se trata de ver la realidad desde y con ellos para buscar a las personas que tengan voluntad política de hacer caminar nuestro país hacia cambios radicales en la perspectiva de la óptica de María que, en su “Magnificat”, soñaba que Dios quería derribar a los poderosos de sus tronos y exaltar a los humildes, colmar de bienes a los hambrientos y despedir a los ricos con las manos vacías. (Cf Lc 1,52-53)

 

  1. SOÑAR un ECUADOR… que ame de veras la VIDA

En muchos lugares encontramos el eslogan:”Ecuador ama la vida”: ¿se trata de una realidad o de un sueño?

Este sueno la carta constitucional lo ha traducido en el compromiso por el “sumak kawsay”, el buen vivir. Pero este buen vivir ¿para quiénes? Y ¿en qué consiste la bondad de la vida que buscamos?

En estos últimos años tenemos que reconocer los pasos que se han dado para mejorar la atención de salud a todos los ecuatorianos, en la ciudad y aun en el campo (por lo menos… en algo).

Pero son motivo de preocupación la violencia a todos los niveles, los abortos en aumento, el abandono de personas mayores y enfermas, los feminicidios encubiertos por la impunidad, la prostitución infantil, los niños y niñas en las calles en situaciones de riesgo, la drogadicción…: situaciones que nos hablan de muerte y no de vida.

Amar la vida es un reto a no cerrar los ojos frentes a estas realidades, a sentirnos todos, de alguna manera, responsables por nuestra indiferencia ante ellas.

Amar la vida nos tiene que comprometer a meternos en el pellejo de quienes sienten su vida amenazada, a buscar leyes valientes para defenderla a todos los niveles.

Amar la vida es verla no en función de intereses o de posibles resultados, sino en si misma como don de Dios que enriquece a todos. ¡La vida de un enfermo, de un anciano, de un niño… que no producen, es preciosa como la de quienes podemos trabajar y ganar!

Amar la vida no sólo de las personas, sino también de la naturaleza cuyos dones Dios a todos para poder vivir dignamente como hijos/as de Él.

En los programas que nos ofrecen nuestros posibles gobernantes ¿se nota preocupación verdadera para la vida de todos, desde el seno materno hasta la muerte natural? ¿Cuál es su postura frente al aborto y a la eutanasia? ¿Qué propuestas concretas ofrecen para responder a las situaciones de muerte que nos acechan?

 2.Soñar un Ecuador… que defienda la familia

Hablar de la familia en nuestro medio hoy es una tarea delicada: hay tantos tipos de familia (o de situaciones que se presentan como “familia”) entre nosotros: familias tradicionales, familias de unión libre, madres solteras, niños/as a cargo de abuelos, divorcios, nuevas experiencias conyugales de personas divorciadas, embarazo de adolescentes…

Por otro lado, un machismo todavía bien enraizado, falsas ideas de “liberación” sexual, un hedonismo desenfrenado, la dificultad a aceptar y vivir opciones “para siempre”… hacen difícil entender y vivir un ideal de familia que responda al proyecto de Dios y sea célula significativa de una sana convivencia social. Además una peligrosa ideología de género tiende a equiparar cualquier forma de convivencia humana con la familia conformada por el padre, la madre y los hijos.

El problema de la migración temporal o definitiva, casi siempre causada por la violencia, la pobreza, la falta de trabajo y las condiciones ambientales, lleva a la desintegración de muchas familias.

Nuestra Constitución afirma en el artículo 67: El Estado protegerá la familia como núcleo fundamental de la sociedad y garantizará condiciones que favorezcan integralmente la consecución de sus fines… El matrimonio es la unión entre hombre y mujer.

Por otro lado, la educación de los hijos es un problema difícil que los padres no asumen o asumen mal y delegan fácilmente a la escuela o a la parroquia. La defensa de la familia, por parte del estado, supone respetar el derecho de los padres a educar a sus hijos de acuerdo con sus convicciones éticas y religiosas.

Papa Francisco nos ha ofrecido en su Carta “Amoris laetitia (la alegría de amar)” una propuesta concreta y actualizada para reflexionar y para ayudar a las familias a hacer realidad el proyecto de Dios para el bien de nuestras sociedades.

¿Hasta a qué punto nuestros futuros gobernantes aceptan esta propuesta y qué respuestas políticas concretas quieren dar a las problemáticas urgentes, a nivel de familia y de educación que enfrentamos en nuestro país?

  1. Soñar un Ecuador… auténticamente intercultural

Una realidad que cada día más cuestiona a nuestro mundo y a nuestro Ecuador es la pluriculturalidad: a nivel étnico, de edad, de sexo, de idioma, de ideología, de religión… convivimos entre personas que somos distintas, que pensamos y actuamos de manera distinta. ¿Cuales propuestas tienen nuestros candidatos para hacer de esta realidad un camino hacia un Ecuador más fraterno y menos conflictivo?

En esta situación “pluricultural” un riesgo es el de pensar que lo propio, lo mío, es lo autentico y verdadero, despreciando y a veces “satanizando” a lo que es distinto como un peligro a la propia tranquilidad y a los propios privilegios. Se trata de dominación cultural: de lo “gringo” sobre lo cholo, de los “blancos” sobre los indígenas y negros, del varón sobre la mujer…

Riesgo contrario es el de pensar que la manera de pensar y de vivir del otro es la mejor, hasta llegar a renunciar a lo propio como algo que no tiene sentido. Es la situación de quienes han vivido histórica o personalmente experiencias de dominación. En nuestro medio, indígenas que se presentan como mestizos, que no quieren hablar el idioma propio, mujeres que aceptan inconscientemente el machismo…

Una vía de aparente solución es la de la tolerancia: aguanto al otro que es distinto, porque no hay remedio…

El desafío auténtico es pasar de la tolerancia (punto indispensable de partida) a la interculturalidad: aceptar que la diversidad no es un peligro, ni puede ser motivo de conflicto, sino que es la oportunidad para un enriquecimiento recíproco: en idioma kichwa, se trata del ranti ranti, del dar y recibir.

En sentido cristiano, una interculturalidad es auténtica en la medida que da prioridad a lo culturalmente marginado, sin poder. ¡Cuánto podrían aportar para un Ecuador más justo y solidario nuestras culturas indígenas, negras, montubias!

Quienes se ofrecen para gobernar nuestro país, ¿hasta qué punto aceptan este reto, no sólo de palabras en la propaganda electoral, sino en sus planes concretos de gobierno? ¡Abramos los ojos!

  1. Soñar un Ecuador… que opte por los POBRES

Nuestra Constitución fija entre los deberes primordiales del Estado, “erradicar la pobreza, promover el desarrollo sustentable y la redistribución equitativa de los recursos y la riqueza, para acceder al buen vivir”. (C. 3,5). Pero es sintomático que en el texto de nuestra “carta magna” no se encuentra la palabra pobre y una sola vez la palabra pobreza: ¡parecen realidad que no existen en nuestro país!

Es importante reconocer que en los últimos años se han dado pasos concretos para aliviar la situación de marginalidad de mucha gente… pero ¡es todo un camino que todavía hay que andar!

Las desigualdades sociales y económicas son todavía escandalosas en nuestro Ecuador: entre campo y ciudad, entre periferias y centros residenciales, entre megasueldos de pocos y microsueldos de muchos… sin hablar de los escándalos de corrupción que siguen salpicando a tanta gente… “honrada”. Lo más preocupante es que el sueño de la mayoría, aun de los pobres, es el de ser ricos, de tener siempre más.

Optar por los pobres es, en primer lugar, reconocer la situación de injusticia que vivimos todavía entre nosotros, reconocer que todos/as tienen derecho a una vida digna y que esto no es posible sin el valor de luchar, a nivel político, para que los ricos sean menos ricos y los pobres menos pobres.

Papa Francisco desafía, a quienes quieren cambiar esta situación, a “oler a pobres”, a acercarse, con respeto y cariño, a quienes sufren, a “tocar en ellos la carne de Cristo”… y no sólo en el tiempo de la propaganda electoral…

En segundo lugar, optar por los pobres es creer, por lo menos para quienes queremos seguir a Jesús, que sólo de los pobres pueden surgir proyecciones de un futuro que sea más justo, porque son ellos quienes más entienden el sueño de Dios, el sueño de un mundo donde todos sus hijos/as puedan vivir como hermanos/as, sin ricos y sin pobres. (Cf Mt 11,25)

Quienes queremos elegir para que gobiernen nuestro país ¿comparten, por lo menos en algo, este sueño, están dispuestos a jugársela para intentar hacerlo realidad?

  1. Soñar un Ecuador… que respete la PACHAMAMA

El artículo 71 de nuestra Constitución reza: La naturaleza o Pacha Mama, donde se reproduce y realiza la vida, tiene derecho a que se respete integralmente su existencia y el mantenimiento y regeneración de sus ciclos vitales… Toda persona, comunidad, pueblo o nacionalidad podrá exigir a la autoridad pública el cumplimiento de los derechos de la naturaleza.

El manejo del agua, la extracción del petróleo y la explotación de minerales han creado, hasta última hora, en la Amazonía y en algunas provincias de la Sierra, conflictos serios entre la autoridad gubernamental y las poblaciones, especialmente indígenas, afectadas por estas.

Las motivaciones para justificar esta acciones son, por parte del gobierno, económicas (encontrar fuentes de financiamiento por proyectos de bien público), mientras las motivaciones para rechazarlas son fundamentalmente las de defender derechos propios.

A menudo, ni los unos, ni los otros miran este asunto desde la perspectiva de la “casa común” que Dios nos regala para el bien de quienes la podemos habitar ahora y para el bien de quienes la habitarán después de nosotros. ¡Es la óptica que nos propone Papa Francisco en su carta “Laudato sí”!

El riesgo de destruir para siempre una naturaleza que es fuente de vida para todos debe cuestionar seriamente un abuso de los recursos naturales para financiar obras públicas aun importantes y, mucho más, para un enriquecimiento, claramente ilícito, de personas o grupos económicos, nacionales y/o extranjeros.

 “¡Sin oro podemos vivir, sin agua no podemos vivir!”: es una expresión de la sabiduría popular de los habitantes de Quimsacocha” (Azuay)

Para optar consciente y valientemente para un cambio de óptica frente a esta realidad, es urgente apuntar a una autentica espiritualidad ecológica: ver y actuar movidos por un profundo respeto por la naturaleza y, en ella, sobre todo por el ser humano.

Las personas por la cuales daremos nuestro voto ¿tienen esta óptica, o, por lo menos, intentan meterse en camino hacia ella?

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