Reflexiones sobre el trabajo académico de investigación en salud entre Universidad y la Sociedad (by @TheLonelyWlker)

etnofagiaComo ya se mencionaba en un trabajo anterior, Thomas Kuhn sostiene que los poderes hegemónicos imponen un paradigma científico, que es a su vez un paradigma epistemológico, que en general es usado para dar sostenibilidad en el tiempo a la producción y reproducción social de las condiciones que permiten la conservación de ese poder hegemónico en las mismas manos.

Es así que desde los años de la colonización de Latinoamérica se ha producido también una colonización de la cultura, la educación, la religión y la epistemología de los pueblos originarios y así fue que a través del uso de la violencia y la dominación, se pretendió sacar los indígenas de la “barbarie” en la que vivían. Al llegar la independencia del imperio español, se evidenció que fue una independencia de los criollos, ya que la hegemonía quedó en manos de la “blanquedad” e incluso de ciertos grupos mestizos que fueron adquiriendo poder económico, a través de lo cual pretendieron “blanquearse” a sí mismos.

A lo largo de la república y hasta bien entrado el siglo XX siguieron estas prácticas de corte etnocida hacia las poblaciones “otras” es decir, indígenas, afrodescendientes o cualquiera que no entre dentro del concepto de lo “blanco/mestizo”. Luego como lo manifiesta Díaz-Polanco, se produce un proceso que él denomina “etnofagia”:

“Que es el abandono de los programas y acciones explícitamente encaminados a destruir la cultura de los grupos étnicos y la adopción de un proyecto más a largo plazo que apuesta al efecto absorbente y asimilador de las múltiples fuerzas que pone en juego el sistema. La etnofagia expresa entonces el proceso global mediante el cual la cultura de la dominación busca engullir o devorar a las múltiples culturas populares, principalmente en virtud de la fuerza de gravitación que los patrones ‘nacionales’ ejercen sobre las comunidades étnicas” (Díaz-Polanco 1991)

Luego estos procesos de asimilación simulados siguieron avanzando y especializándose en lo que Félix Patzi denominó “Etnofagia Estatal”, y que lo define de la siguiente manera:

“En tal sentido, el Estado no abandona su carácter integracionista y asimilacionista, empero, para promocionarlo, deja de lado los métodos abiertos y frontales de etnocidio cultural y opta por otros más simulados. En este proceso dicta reformas atrayentes a las nacionalidades, crea también condiciones para que ellos mismos sean partícipes del proceso de destrucción de su nación en marcha, a través de la democracia y el mercado, como valores del liberalismo. A este proceso de etnocidio cultural por medios más simulados y de largo plazo es a lo que vamos a llamar etnofagia estatal.” (Patzi 1999)

interculturalidadEn la medida que el Movimiento Indígena fue tomando conciencia de sí mismo y fue madurando sus posiciones políticas, después de cientos de años de violencia etnocultural, tomaron en sus propias manos la lucha política tanto en las calles como en posiciones epistemológicas frente a la arremetida neoliberal desde la década de los 90 hasta nuestros días.

Sin embargo, a pesar de llevar cerca de tres décadas de lucha por la interculturalidad, tan solo se ha logrado plasmar este concepto en instrumentos legales como la Constitución del Ecuador, como concluye Catherine Walsh:

“A pesar de que el Ecuador se autodefine como país pluricultural, este término no tiene mayor significado dentro de las estructuras dominantes de la sociedad, del campo académico, reflejo de estas estructuras tanto en sus versiones locales como globalizadas y peor aún dentro de la conceptualización y práctica epistemológica; en estos espacios la hegemonía monocultural sigue vigente.” (Walsh, ¿Qué conocimiento(s)? Reflexiones sobre las políticas de conocimiento, el campo académico, y el movimiento indígena ecuatoriano 2001)

Dentro de esta maduración política lograron identificar la transformación de las tácticas y estrategias de los poderes hegemónicos desde el etnocidio cultural hacia la etnofagia, para poder revertir estos procesos neocoloniales el Movimiento Indígena planteo una lucha política para llevar a la sociedad desde la “multiculturalidad” hacia la “pluriculturalidad” y finalmente hacia la “interculturalidad” que es la expresión más alta de relación entre las culturas que habitan dentro de un territorio nacional.

Catherine Walsh define estos tres conceptos de la siguiente manera:

“La multiculturalidad, término que encuentra sus orígenes en los países occidentales, es más que todo descriptivo y se refiere a la multiplicidad de culturas que existen dentro de una sociedad sin que necesariamente tengan una relación entre ellas. La pluriculturalidad, en contraste, es el referente más utilizado en América Latina, reflejo de una convivencia histórica entre pueblos indígenas y pueblos afros con blancos-mestizos. Se basa en el reconocimiento de la diversidad existente, pero desde una óptica céntrica de la cultura dominante y nacional. La interculturalidad es distinta, en cuanto se refiere a complejas relaciones, negociaciones e intercambios culturales de múltiple vía. Busca desarrollar una interrelación equitativa entre pueblos, personas, conocimientos y prácticas culturalmente diferentes; una interacción que parte del conflicto inherente en las asimetrías sociales, económicas, políticas y del poder.” (Walsh 2005)

Donde se ve mayormente reflejada esta lucha del Movimiento Indígena, es en la implementación de políticas de educación intercultural bilingüe, en este sentido Ricardo Cavalcanti-Schiel manifiesta que:

“Insertados en un nuevo contexto discursivo de alabanza de lo étnico, es decir, de la especificidad sociocultural – retóricamente instrumentalizada en un discurso genérico sobre la ‘identidad’ y la ‘diferencia’ –, los nuevos fundamentos ideológicos de una pedagogía que pretende abogar por una educación escolar más adecuada a los pueblos indígenas expresan, a partir de entonces, la necesidad de alejarse de la antigua perspectiva de la asimilación, o mejor dicho, de la inserción indiferenciada (con la consecuente ‘disolución’ identitaria) de los pueblos indígenas en un proyecto de Estado nacional idealmente ‘homogéneo” e integrador, acorde con los marcos discursivos de la civilización y del progreso.” (Cavalcanti-Schiel 2008)

Pero para lograr este objetivo de una educación intercultural, que permita una pedagogía que rompa con la dominación colonial es necesario una descolonización del conocimiento, de lo que se ha escrito abundantemente y que se sintetiza en el siguiente texto:

“La geopolítica del conocimiento, – como  proyecto descolonización intelectual y epistémico evidencia el lugar de enunciación geo-histórica en que se produce el conocimiento, y reivindica ‘otros conocimientos’ subalternizados por la configuración del sistema mundo moderno/colonial –, se encuentra estrechamente vinculada a la categoría de acción dialógica formulada por las pedagogías críticas. La articulación de diferentes formas de conocer y el diálogo de saberes, son proyectos epistémicos radicales en tanto aspiran subvertir los patrones de poder y las jerarquías existentes entre el conocimiento occidental y los conocimientos subalternos.” (Ojeda Pizarro y Cabaluz Ducasse 2010)

De esta manera, concluimos que la única manera de construir un sistema educativo intercultural es el diálogo horizontal de saberes, que permita mirar al otro no como un extraño sino como parte orgánica de la sociedad, es un proceso de descolonización cultural. Para esto se debe generar una masa crítica que cuestione abiertamente el poder dominante, cuya intención es conservar ese poder a toda costa.

Para ello primero hay que reconocer y fortalecer lo propio, entonces se podrán establecer nuevas condiciones sociales de poder, saber y ser; al estar en esta posición podremos transformar relaciones, estructuras, instituciones y conocimientos; tomando una posición crítica o fronteriza para construir modos otros de poder, saber y ser, lo que nos conllevará finalmente a relacionar lo propio y lo diferente, en una sociedad ampliamente plural e intercultural.

Lcdo. Miguel Córdova (@TheLonelyWlker)

Bibliografía

Cavalcanti-Schiel, Ricardo. «Para abordar la interculturalidad: apuntes críticos a partir de (y sobre) la nueva educación escolar indígena en Sudamérica.» Amérique Latine Histoire et Mémoire. Les Cashiers ALHIM. 21 de Agosto de 2008. http://alhim.revues.org/1883 (último acceso: 2 de Febrero de 2016).

Díaz-Polanco, Héctor. Autonomía regional. La autodeterminación de los pueblos indios. México: Siglo XXI Editores, 1991.

Ojeda Pizarro, Paula Rossana, y Jorge Fabian Cabaluz Ducasse. «Colonialidad del Poder y Geopolítica del Conocimiento, Reflexiones para Re-Pensar las Pedagogías Críticas.» Revista Electrónica de Diálogos Educativos. 18 de Agosto de 2010. http://www.umce.cl/~dialogos/n19_2010/ojeda.swf (último acceso: 02 de Febrero de 2016).

Patzi, Felix. «Etnofagia estatal. Modernas formas de violencia simbólica (una aproximación al análisis de la reforma educativa9.» Bulletin de l’Institur francais d’études andines, 1999: 535-559.

Walsh, Catherine. «¿Qué conocimiento(s)? Reflexiones sobre las políticas de conocimiento, el campo académico, y el movimiento indígena ecuatoriano.» Boletín ICCI “RIMAY”. 1 de Abril de 2001. http://icci.nativeweb.org/boletin/25/walsh.html (último acceso: 2 de Febrero de 2016).

Walsh, Catherine. «Interculturalidad, conocimientos y decolonialidad.» Signo y Pensamiento, 2005: 39-50.

 

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