NO A LA DOMESTICACIÓN

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Vivimos inmersos en una sociedad que nos aliena, una sociedad que crea necesidades innecesarias, una sociedad que solo crea individualidades y que va destruyendo comunidades. De esta manera el mercado nos va domesticando poco a poco, y nos va convirtiendo en consumidores automatizados. Esta domesticación se realiza en tres niveles: social, cultural y político.

La domesticación social es aquella que se va enraízando en nuestras estructuras societales y nos van llevando deliberadamente a convertirnos en individuos aislados, los relacionamientos cibernéticos cada vez son más comunes, las personas cada vez salen menos, cada vez realizan menos actividad física, cada vez pasan más tiempo frente a una PC. Los tejidos sociales se van rompiendo ya que las nuevas generaciones no se interesan por el bienestar de sus comunidades, los lazos familiares se van rompiendo ya que tanto padres como hijos se absorben cada vez más en celulares, tablets, laptops, TV, etc. Las relaciones humanas en general se están deshumanizando, siempre se requiere un intermediario electrónico.

La domesticación cultural es aquella que nos va dominando a través de los medios de comunicación y redes sociales del conocido mainstream, se nos dice exactamente qué debemos pensar, qué debemos decir, cómo nos debemos vestir, qué y cuándo debemos comprar, qué y cuánto debemos comer. Nuestros niños, adolescentes y jóvenes son los más propensos a ser influenciados por esta corriente cultural; sin embargo este fenómeno también va atrapando a personas de otras generaciones. Y de forma acelerada nos van transformando en máquinas de consumo individualista y descontrolado. El exceso de bienes y servicios suntuosos, transformados en básicos por el mercado, se está volviendo la maldición de la cultura occidental y oriental.

La Domesticación Política es aquella que se produce por la tremenda influencia de los medios de comunicación masiva, una sociedad individualizada y alienada por el mainstream difícilmente está capacitada para discernir entre la verdad y la mentira, ni para contrastar la información que se nos transmite a través de la noticia, por lo que fácilmente convertimos al torturado en torturador. En medio de este Estado de Opinión (y no de derecho), fácilmente se puede llevar a una sociedad malinformada hacia la violencia, tal como es en estos días algo cotidiano. El ciudadano común no puede ver más allá de sus narices y toma como cierta la información tan pronto como la lee. Y para agravar la situación cualquier fuente, sin importar lo que sea, se vuelve referencia para construir una matriz de opinión que se difunde como un incendio forestal.

¿Qué hacer frente a esta situación tan pesimista? En realidad hay muy poco que hacer. La solución es invariablemente estructural, la solución está en la educación. Cuando nuestro sistema educativo genere mentes críticas y pensantes, en vez cajas repetidoras de lecciones sin sentido, es posible que ese día las próximas generaciones logren un nivel de conciencia tal que les permita romper las cadenas de la alienación y vencer la inminente domesticación societaria que se ha instaurado en el mundo actual.

Autor

@TheLonelyWlker

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